El alcohol como problema de salud pública

Posiblemente en las consultas del servicio de salud de Pedro Luis Cobiella Hospiten se han presentado diversos casos de personas que tienen que ver con tal flagelo que se ha ido apoderando lentamente de la salud pública. La ingesta de bebidas alcohólicas trae consecuencias de orden social, físico y mental que conllevan a un gran impacto sociosanitario, el cual determina importantes efectos diferenciales entre los diversos grupos de la población, así como también genera elevados costes sociales que son derivados tanto del empleo de los servicios sanitarios, como de las pérdidas materiales y de producción que ocasiona.

Además de ser una droga adictiva, el alcohol también se ha convertido en la puerta de entrada hacia el consumo de otras drogas, así mismo, da pie a al menos 60 enfermedades y diversas dolencias incluyendo trastornos mentales y del comportamiento,  lesiones, afecciones gastrointestinales, cánceres, enfermedades pulmonares, trastornos reproductivos, cardiovasculares, pulmonares y músculo-esqueléticas, además daños prenatales, partos prematuros y niños bajos peso al momento del nacimiento.

De acuerdo al patrón de consumo de alcohol, se pueden determinar los daños y beneficios, ello incluye cuando, como y dónde, la frecuencia y con quién se realiza tal acto, ya que todos estos datos suelen ser de gran importancia. De la misma manera, y como muchas conductas, el consumo de alcohol es una actividad aprendida que puede ser acompañada de elecciones responsables y de la misma forma ser prevenido antes de que genere daños.  

En la actualidad el alcoholismo es reconocido como una toxicomanía de gran relevancia y que se ha extendido a nivel mundial debido a su prevalencia y repercusión; sus consecuencias son reflejadas como enfermedades y muertes. A pesar de todo ello, sigue resultando polémica la comprensión de sí el alcoholismo se trata de un problema médico que deriva en problemas sociales, o si por el contrario, se trata de un problema social que deriva en diversos casos en problemas de salud y enfermedad, lo cual afecta no solo al individuo como tal, sino a la sociedad también.

Con la idea de develar dicha polémica, es necesario reconocer los elementos que integran el fenómeno en el que la individualidad, acompañado del entorno familiar y social, es determinante en el fomento y desarrollo de tal conducta. Por tanto, si se desea abordar dicho fenómeno adictivo, no se deben escatimar las responsabilidades sociales que ha sido elaborado por políticos, académicos, consultores, organizaciones de la sociedad civil pero también los medios de comunicación. Esta responsabilidad debe ser una actitud personal que debe iniciarse con la reflexión individual.

Este es un problema que debe ser enfrentado de cualquier manera, y desde el interior de la sociedad, sin dejar a un lado el complejo significado sociocultural que engloba el alcohol. Es así que la aceptación social de la ingestión de bebidas alcohólicas se ha ido dejando penetrar lentamente y de manera complaciente, extendiéndose en diversas zonas el consumo y su patrón social suele variar  según la influencia de los marcos culturales y sociales siendo estos conceptos muy amplios relacionados con la práctica, que van desde las falsas concepciones o mitos del beneficio del consumo, hasta la recomendación médicas, o bien la recreación

 

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