Grupos de Riegos

Existen personas que son más susceptibles a los riesgos relacionados al consumo de alcohol y, por lo tanto, no deben beber.

La adolescencia es la edad en que más frecuentemente se produce el inicio del uso, abuso y se aumenta el desarrollo de dependencia en la edad adulta. De la misma forma, los adolescentes poseen mayor tendencia al abuso de múltiples sustancias que los adultos.

El consumo de alcohol a temprana edad se asocia fuertemente con la alteración del desarrollo cerebral; un mal desempeño escolar, mayor probabilidad de deserción escolar; disminución de la satisfacción vital y los logros, entre otros.

La ingesta de alcohol en mujeres embarazadas afecta el desarrollo fetal y posterior del niño. Se estima que entre 20% y 65% de las mujeres ingieren alcohol en algún momento durante la gestación y que 5% a 10% lo hacen en niveles suficientes como para poner al feto en riesgo.

Entre las consecuencias más importantes se encuentra el retardo mental, síndrome alcohólico fetal, bajo peso al nacer y déficit del crecimiento. Los niños con síndrome de alcoholismo fetal, como una de las consecuencias más graves de la ingesta de alcohol, tienen daño cerebral, deformidades faciales y déficit de crecimiento.

Los defectos del corazón, el hígado y los riñones también son comunes, así como también de la visión y audición. Así mismo las personas afectadas por este síndrome tienen dificultades con el aprendizaje, la atención, la memoria y la resolución de problemas.

Más de 4.000 accidentes de tránsito están asociados al consumo de alcohol en la conducción., de acuerdo a estadísticas de Conaset.

Sólo en 2015, 152 personas fallecieron en accidentes de tránsito asociados al consumo de alcohol en la conducción.

El consumo de alcohol reduce la percepción visual, disminuye la capacidad de atención y deteriora la función psicomotora, afectando la coordinación y la capacidad de reacción.

A medida que aumenta la tasa de alcoholemia, el riesgo de accidente aumenta.